Nos encaramamos al jeep (un bicharraco enorme con la parte de atrás abierta) y la guía pisa a fondo el acelerador rumbo a Antelope, unos 20 minutos de viaje dando tumbos y agarrándonos al coche por nuestra vida. Encima hace un aire horrible, y entre eso y la velocidad no podemos casi ni abrir los ojos.
Llegamos a la barrera de Antelope ya partir de aquí... por medio del desierto. Acabamos con una segunda piel de arena rojiza. Por fin llegamos a la entrada del cañón y entonces fue cuando confirmamos que los 64$ que nos habían costado las dos entradas habían merecido la pena. Señores, pasen y vean:
Lo peor de todo fue la arena, con el aire se colaba toda por la grieta del cañón y era horrible mirar hacia arriba, te destrozabas los ojos. Aquí la lista entró con lentillas y a medio recorrido se tuvo que poner las gafas de sol aunque estuviera oscuro, porque ya no aguantaba más. El pelo lleno de arena, las zapatillas, la cámara, las mochilas... A día de hoy, un mes después de la excursión, seguimos encontrando arena en los bolsillos de la ropa de ese día y en la cámara (verídico).
| Arenilla en los ojos... |
| Aquí la foto buena :) |
Tras la visita y la vuelta a Page, cogimos de nuevo el coche para hacer la última visita antes de salir hacia Monument Valley. Queríamos ver Horseshoe Bend:
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| Horseshoe = herradura |
Al llegar allí el aire era ya insoportable, y además hacía peligroso acercarse al borde, así que nos quedamos con las ganas de verlo mejor.
Tras el fiasco de Horseshoe Bend tiramos ya por fin hacia Monument Valley.
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| Arriba, la ruta de Google Maps; abajo, la ruta por la que nos quería llevar |
Según nos vamos acercando a Monument Valley empezamos a preocuparnos de verdad por el viento y la arena. A lo lejos vemos el cielo completamente rojizo por una tormenta de arena, y apenas podemos distinguir las formaciones rocosas que hacen famoso a Monument Valley. La cosa va empeorando, hasta que llega un momento que la maravillosa vista que tenemos es esta:
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| Aunque no lo parezca, no había nubes y eran las 2 de la tarde |
Por suerte, al llegar al Parque ya se ha calmado un poco el aire. Sigue haciendo un aire horrible, la arena te pica en los brazos y la cara y las gafas de sol son imprescindibles para no acabar con la córnea como si le hubieran dado con lija. Pero al menos ya podemos ver. Y esto es lo que vemos:
| La "carretera" que recorre el parque es una pista de tierra y rocas llena de baches |
Nos volvemos locos a echar fotos, las vistas son impresionantes. Lo único que nos deja un poco decepcionados es que queríamos haber hecho una excursión a caballo, pero con el aire que hace es imposible, no están saliendo excursiones.
De camino al hotel nos desviamos durante unas pocas millas por una carretera que va bordeando el Parque. El sol empieza a ponerse y se refleja sobre la roca rojiza; el paisaje ya no es impresionante, sino lo siguiente:
Nuestro hotel de hoy en realidad es un camping, donde hemos reservado una cabaña. La cabaña no muy limpia (llena de arena, no nos sorprendió...) y aprovechada al milímetro:
| En el hueco ese de ahí arriba había un colchón de matrimonio! |
Lo mejor era el porche:
En el porche fue donde cenamos, disfrutando de las vistas:



























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